Carlos Uriarte a Assahifa Español: "Un Marruecos estable y próspero es la mayor garantía para que España pueda serlo también"

No hay duda de que las relaciones bilaterales entre Marruecos y España atraviesan uno de los mejores momentos de las últimas décadas. Sin embargo, diversos analistas coinciden en que esta evolución obedece, en buena medida, a la consolidación de la cooperación en materia de seguridad, un ámbito que Madrid considera esencial para generar el clima de confianza sobre el que se sustentan otros sectores estratégicos de la relación bilateral, como el comercio, la inversión o la cooperación económica.


Desde la perspectiva marroquí, la seguridad también ocupa un lugar prioritario. Rabat es consciente de que la estabilidad del Mediterráneo occidental constituye un factor determinante para impulsar su desarrollo económico y consolidar su posición como plataforma estratégica entre Europa y África. Su ubicación geográfica, en el cruce de dos continentes y de importantes rutas comerciales internacionales, convierte la seguridad regional en un elemento estrechamente vinculado a sus intereses económicos y geopolíticos.


Las señales procedentes de ambos países confirman esa evolución. La cooperación entre la Policía Nacional española y la Dirección General de Vigilancia del Territorio (DGST) marroquí se ha consolidado como uno de los principales pilares de la estrategia española frente a las amenazas terroristas. Basada en el intercambio permanente de información y la confianza mutua, esta colaboración ha permitido desarrollar, desde 2014, un total de 31 operaciones antiterroristas conjuntas y la detención de 150 personas vinculadas al terrorismo, de las cuales 83 fueron arrestadas en España y 67 en Marruecos.


La primera de estas operaciones, denominada Azteca, se llevó a cabo el 14 de marzo de 2014 y permitió desarticular una de las mayores redes de captación y envío de combatientes terroristas hacia Siria y el Sahel, con ocho detenidos en España, Marruecos y Luxemburgo. Más de una década después, la cooperación sigue plenamente activa. La más reciente, la operación Seula, culminó con la detención simultánea de un individuo en Palma de Mallorca, acusado de adoctrinamiento terrorista y de preparar su desplazamiento a una zona de conflicto y de otros dos extremistas en territorio marroquí, una actuación coordinada que volvió a poner de manifiesto el elevado nivel de integración operativa entre ambos servicios de seguridad.


Este clima de cooperación volvió a quedar patente con la reciente visita realizada este jueves a Rabat del general de división Luis Peláez Piñeiro, jefe de la Jefatura de Información de la Guardia Civil, quien encabezó una delegación española encargada de entregar condecoraciones a responsables de la DGSN y de la DGST. Durante el encuentro, el alto mando español calificó a Marruecos como un "socio estratégico e indispensable" frente a los desafíos de seguridad que afectan al Mediterráneo occidental, un reconocimiento que ilustra el peso adquirido por el Reino en la arquitectura de seguridad española.


Este panorama ha ido acompañado de un notable fortalecimiento de las relaciones económicas. Tras la nueva hoja de ruta acordada en abril de 2022, el intercambio comercial entre ambos países ha alcanzado máximos históricos, consolidando a España como el primer socio comercial de Marruecos y al Reino como el principal socio de España en África. Solo entre enero y abril de 2026, el comercio bilateral alcanzó 7.917,7 millones de euros, confirmando una integración económica cada vez mayor entre ambas economías.

La seguridad, el eje sobre el que se articula la nueva relación bilateral


En este marco, el cambio más significativo en la relación bilateral entre Marruecos y España radica, según el experto marroquí en asuntos de seguridad Mohamed Ettayar, en la función que ha adquirido la cooperación en materia de seguridad dentro del conjunto de la relación bilateral. A su juicio, la Declaración Conjunta del 7 de abril de 2022 marcó el inicio de una transformación cualitativa en la que la seguridad dejó de ser un ámbito específico de colaboración para convertirse en el principal soporte de la asociación estratégica entre ambos países.


En una declaración concedida al diario Assahifa Español, Ettayar considera que España percibe hoy a Marruecos como un socio esencial para la protección de su seguridad nacional. Esa percepción no se limita a la lucha contra el terrorismo, sino que se extiende a otros desafíos compartidos, como la inmigración irregular, la delincuencia organizada, las redes de trata de personas y el narcotráfico. En su opinión, el hecho de que los responsables políticos españoles sitúen habitualmente la cooperación en seguridad en el centro de sus declaraciones sobre la relación con Rabat refleja "una creciente conciencia de que la seguridad y la estabilidad de España están estrechamente vinculadas a la solidez de su asociación con Marruecos".


En la misma línea, el especialista en asuntos europeos e internacionales y derecho constitucional, Carlos Uriarte Sánchez, subraya que "Un Marruecos estable y próspero es la mayor garantía para que España pueda serlo también". De modo que la estabilidad del Reino no solo constituye un objetivo de la política bilateral, sino también un interés estratégico para España.


En su declaración a Assahifa Español, Uriarte considera que el fortalecimiento de la cooperación entre ambos países ha producido efectos que trascienden la esfera institucional, poniendo en evidencia que "lo más importante es que ambas ciudadanías observan cómo la cooperación entre dos países vecinos es posible y que, además, nos fortalece a ambos". A su juicio, ese acercamiento ha contribuido a consolidar una percepción de confianza compartida que hoy constituye uno de los principales activos de la relación entre ambos reinos.


Asimismo, destaca que la comunidad marroquí residente en España continúa desempeñando un papel relevante en el desarrollo económico y social del país y considera que las crecientes interdependencias entre ambas orillas del Mediterráneo están reforzando una relación basada en el beneficio mutuo y el respeto a la soberanía de ambos Estados.


Sobre la dimensión económica, Ettayar indica que este protagonismo de la seguridad no ha relegado la cooperación económica a un segundo plano. Al contrario, sostiene que la confianza construida entre ambos Estados ha creado las condiciones necesarias para ampliar la cooperación hacia ámbitos como el comercio, la inversión, la energía, el transporte y las infraestructuras. Desde esta perspectiva, la relación hispano-marroquí habría evolucionado desde un modelo centrado en la gestión de riesgos comunes hacia una asociación estratégica de carácter multidimensional, donde la seguridad actúa como un elemento facilitador del desarrollo económico.


Esta acumulación de confianza puede favorecer, además, el impulso de proyectos de largo alcance en sectores industriales y de inversión, al tiempo que reduce el riesgo de que los desacuerdos políticos desemboquen en crisis diplomáticas como las vividas en etapas anteriores. "La seguridad deja de ser un fin en sí mismo para convertirse en un factor clave al servicio del desarrollo y de la integración económica", acentúa.


Pese al notable fortalecimiento de la cooperación bilateral, Mohamed Ettayar considera que la nueva etapa abierta entre Rabat y Madrid no elimina los principales expedientes pendientes entre ambos países. A su juicio, cuestiones como Ceuta y Melilla, ciudades ocupadas por España, seguirán formando parte de la agenda bilateral por su estrecha vinculación con la soberanía y por las complejas implicaciones políticas y jurídicas que encierran para ambos Estados.


No obstante, el experto estima que la creciente interdependencia en materia de seguridad y economía reduce las posibilidades de que estos asuntos desemboquen en crisis diplomáticas de gran envergadura, como ocurrió en otras etapas de la relación bilateral. En este sentido, considera que el fortalecimiento de la asociación estratégica podría favorecer un clima más propicio para abordar estas cuestiones mediante el diálogo, especialmente si el expediente del Sáhara marroquí continúa registrando avances políticos y jurídicos que consoliden la posición de Rabat.

Una alianza condicionada por el nuevo contexto geopolítico


Para Carlos Uriarte, el fortalecimiento de la cooperación entre España y Marruecos no puede entenderse únicamente desde una perspectiva bilateral. A su juicio, responde también a un escenario internacional cada vez más complejo, en el que ambos países comparten desafíos que les obligan a coordinar sus esfuerzos. "La seguridad es sinónimo de estabilidad y ambas son necesarias para garantizar la prosperidad y el desarrollo a ambas orillas del Mediterráneo. Son dos caras de una misma moneda", aclara.


En este contexto, el especialista sitúa el Sahel como uno de los principales focos de preocupación para la seguridad regional. La expansión de grupos radicales, la fragilidad institucional de varios Estados y la presión de las redes criminales transnacionales representan, en su opinión, factores de desestabilización con capacidad para repercutir tanto en el norte de África como en el sur de Europa mediante el aumento de los flujos migratorios irregulares y otras amenazas compartidas.
Uriarte añade a este escenario la creciente competencia geopolítica por la influencia en la región. Desde su punto de vista, la presencia de Rusia en el Sahel responde también a una estrategia orientada a reforzar su proyección hacia el Atlántico, un interés que, según sostiene, comparte Argelia. En este contexto, subraya que la estabilidad de Marruecos adquiere una importancia estratégica no solo para España, sino también para el conjunto de la Unión Europea.


Uriarte defiende, además, que una mayor normalización entre los países del Magreb favorecería una cooperación más estrecha en materia de seguridad y contribuiría a reforzar la estabilidad del Mediterráneo occidental. "Actuar frente a esas amenazas comunes en el Sahel, el Mediterráneo occidental y las redes criminales nos obliga a buscar soluciones y trabajar juntos", afirma.

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